El amanecer tras la derrota de Margaret no trajo la calma que esperaba, sino una claridad inquietante. Me desperté antes de que el sol lograra perforar la niebla de las montañas, sintiendo un zumbido sutil en la base de mi cráneo. No era dolor; era una vibración, una sintonía con los portales que solo se manifestaba cuando algo grande estaba por cambiar.
Me levanté de la cama con cuidado de no despertar a Alexander. Él dormía de lado, con el brazo derecho extendido hacia mi lugar, incluso en sueños buscaba mi presencia. Su respiración era rítmica y profunda, un contraste absoluto con la agitación que yo sentía. Me puse una bata de seda azul medianoche, pesada y fría contra mi piel, y caminé descalza hacia el balcón de nuestra habitación.
Desde allí, la ciudad de Luna Corp parecía una red neuronal de luces LED blancas y azules que se entrelazaban con el bosque. No era una mancha de concreto; era un ecosistema, Pero mi mirada no se detuvo en la arquitectura, sino en el horizonte, dond