Minutos después, la puerta de entrada se abrió con un suave clic, y Sofía entró cargando varias bolsas de supermercado. Llevaba puestos unos leggins deportivos y una camiseta corta que dejaba ver su vientre plano.
—¡Buenas, buenas...! —canturreó con sarcasmo mientras cerraba con el pie—. ¿Me ayudas con estas bolsas antes de que se me rompan los dedos?
Scott, que sostenía a Aura en brazos y le hacía suaves caricias en la cabeza, levantó la mirada y le dedicó una media sonrisa.
—Dámelas a mí, m