Marcó rápidamente su aplicación de banco y transfirió una suma exorbitante. Cuando colgó, su mirada era vacía, pero sus labios esbozaban una sonrisa torcida.
Al amanecer, Scott se dirige somnoliento hacia la clínica privada donde atiende al Doctor Morales. Pamela iba sentada a su lado, con gafas oscuras, un pañuelo cubriéndole la cabeza y un semblante de mártir digno de actriz de Broadway.
Cuando llegan, una enfermera los guía hasta el consultorio decorado con cuadros minimalistas y orquídeas