Scott se quedó en la entrada del cuarto, mirándola con el pecho agitado. Julieta estaba sentada en la cama, con la bata cubriendo las piernas y el cabello aún húmedo cayendo en ondas sobre sus hombros. Sus ojos oscuros lo miraban con una mezcla de miedo, amor y dolor.
Él tragó saliva, caminó lentamente hasta la silla junto a la cuna y se sentó con cuidado, dejando que su brazo enyesado descansara sobre sus muslos. Su pierna vendada temblaba de cansancio y tensión.
—Tienes… tantas heridas… —dijo