Los padres de Pamela también se alarmaron, poniéndose de pie de inmediato.
—¡Santo cielo! —exclama su madre— ¡Está sangrando!
Pamela baja la mirada y ve la sangre.
El terror se apodera de ella.
—No... no... —murmura, tambaleándose.
Scott la sujeta antes de que se desplomara.
El restaurante entero se quedó en silencio, con decenas de ojos curiosos observándolos.
—¡Abrán paso! —grita el padre de Pamela, mientras Scott la cargaba en brazos, saliendo apresurado del lugar.
En el hospital, los minuto