ELARA
Sus palabras tiran de algo en mí que no puedo explicar, algo grabado en lo más profundo de lo que considero mi alma. Pero se equivoca. Sí temo… no por mí, sino por mis parejas. Por el daño que podría causarles cuando llegue mi final.
—No tiene por qué ser así. No hay un final, como tampoco hay un comienzo. Solo un ciclo interminable: vida y muerte. No puedes tener una sin la otra. Todo y todos somos alma, espíritu, recargados, remodelados y devueltos a la Luna, a la tierra. Infinito, Ellis. Todos somos infinitos —dice Seline, haciendo un gesto amplio con las manos y sonriendo suavemente.
—Todo esto no es más que una gota en el océano, una mínima parte de lo que realmente somos. Puedo mostrarte a tu futuro hijo o enseñarte el pasado. Todos tenemos esqueletos en el armario; solo debes elegir con cuáles puedes vivir, cuáles te perseguirán un poco menos —aconseja.
—¿Y qué hay de tus esqueletos? ¿Cuántos tienes tú? —le pregunto.
—Los míos me persiguen cada día. Marabella, Elara, Josi