Al terminar esa noche, los tres estaban con los sentimientos a flor de piel. Y, como si fuera una pequeña treta del destino, la habitación en la que estaba hospedado Peter sufrió una fuga de agua y se encontraba totalmente inundada.
—Lo siento, señor — se disculpaba el gerente del hotel—. Lo cambiaremos a la mejor suite del hotel y sus cosas serán repuestas por unas nuevas a primera hora de la mañana.
—Está bien, hombre. Ya es tarde, ve a descansar y yo…
—Te vas con nosotras — gritaron las dos