La mañana los sorprendió desnudos y satisfechos. Esa noche casi no habían descansado, pero esos pequeños pasitos ya Peter los conocía. Como pudo, cubrió el hermoso cuerpo de su sirena antes de que entrara el huracán Tory.
—Buenos días —dijo con voz ronca y somnolienta.
—¿Te desperté? —preguntó Tory en un susurro.
—Para nada, ya estaba despierto y te escuché.
—¡Ush! Quería entrar como ninja, pero si hasta tú escuchaste mis pasos… ¡Esto es injusto!
La pequeña estaba enfurruñada y eso hizo que Pet