El sol del mediodía caía con fuerza sobre el patio de la mansión. El agua de la piscina brillaba como un espejo turquesa, y las risas de Tory rompían el silencio solemne de aquel lugar. La niña chapoteaba feliz, lanzando sus brazos al aire como si la vida no fuera más que un juego de verano. Dos perros enormes descansaban cerca, atentos pero tranquilos, como si reconocieran que ella era parte de la manada.
Vicky, en cambio, permanecía recostada en una reposera, con los ojos fijos en un punto cu