Satoru no había escatimado en detalles. Desde el anillo de compromiso que mandó hacer con una piedra de jade tallada a mano, hasta los kimonos de seda que encargó especialmente para Kira. La trataba como una prometida real. Cenaban juntos cada noche, y en la intimidad de las conversaciones, ella lo trataba como a un chico normal, sin reverencias ni temor. Le quitaba las migajas de arroz de la boca, se burlaba de sus costumbres estrictas, le contaba anécdotas de su adolescencia rebelde. Él, en v