El aire fresco de la mañana en Kanlıca apenas rozaba los árboles cuando la caravana de vehículos blindados se detuvo frente a la villa. Dentro del recinto, el ambiente había sido una larga y densa pesadilla de horas en vela. Sin televisión, sin teléfonos y completamente aislados por órdenes de Aras para evitar que el pánico los consumiera con información tergiversada, los padres de Melani se habían movido como sombras al borde del abismo.
Cuando el sonido de los motores rompió el silencio de