La atmósfera que siguió después, fue totalmente pesada, donde cada respiración parecía medida. Ninguno de los dos bandos había ganado terreno por la fuerza, pero las líneas del frente ya estaban trazadas.
Una vez que se retiraron los platos principales, los camareros reaparecieron con una discreción absoluta para dar paso al cierre de la noche. En lugar de la pesada y empalagosa repostería tradicional otomana —repleta de almíbar y pistachos—, la señora Delia dispuso un postre de categoría int