La luz de la mañana se filtró con fuerza sobre los tejados de la mansión Köksal, disipando la pesada atmósfera de los días anteriores. Con la matriarca recuperando el control y el personal de servicio retomando sus rutinas entre pasillos y salones, la casa volvía a latir con ese ajetreo silencioso y riguroso de siempre.
La mesa del comedor principal guardaba la elegancia fría de siempre, pero el ambiente cargaba con la tensión sutil de los secretos que apenas comenzaban a desvelarse. Fatma d