Tras cuatro horas de vuelo, el jet privado por fin descendió suavemente sobre la pista del aeropuerto de Estambul, marcando exactamente las ocho de la mañana. Al abrirse la escalinata, una densa y cálida brisa impregnada del aroma del Bósforo recibió a los pasajeros, contrastando de golpe con el frío glacial que habían dejado atrás en los Alpes suizos.
Para Melani, el cambio de temperatura exigió un cuidado inmediato. Un leve acceso de tos, producto de la fragilidad que aún conservaban sus p