Antes de que Aras pudiera responder, un crujir de tacones resonó en el piso superior. Todos giraron la vista hacia arriba.
Fatma Hanım descendía las escaleras con una prestancia majestuosa, impecablemente vestida con un traje de alta costura, el rostro sereno y una mirada que no admitía réplica.
Aras se giró bruscamente hacia ella, con el ceño fruncido.
La matriarca se detuvo a su lado en el descansillo, mirándolo con absoluta suficiencia antes de avanzar un paso más.
—Un Köksal no