La sonrisa divertida de Aras no pasó desapercibida para su madre, quien, ofendida, trató de marcar un límite, pero Aras se le adelantó.
—Esta villa no está a discusión —interrumpió con voz profunda, dirigiéndose a Melani y a sus padres—. La compré para que estén seguros aquí, bajo mi protección. Y con los riesgos que aún acechan, no voy a permitir que se expongan en otro lado.
El recordatorio del peligro flotó en el aire como una sombra pesada, trayendo de inmediato a la memoria de Melani