Volvió a mirar a su amiga, y una sonrisa suave, pero cargada de una honestidad absoluta, le ablandó las facciones.
—Lo amo, Lale —confesó Melani, con una voz madura y firme—. Lo amo tanto que a veces me asusta la velocidad con la que ha ocurrido.
Lale dejó escapar el aire que contenía, relajando los hombros de inmediato al ver la certeza en los ojos de su amiga.
—Por Alá, Mel... —susurró Lale, conmovida por la verdad en sus palabras—. Escucharte decirlo así...
—Aras no es como Von