Melani detuvo el último retoque de su peinado y arqueó una ceja. Al deslizar el dedo para abrirlo y leer el breve recado que indicaba que había un presente esperándola en el salón privado del ala oeste, una sonrisa iluminó su rostro. No cabía duda: en medio del rígido protocolo de los Köksal y las exigencias de la matriarca, Aras tenía esos destellos de detallista incurable. Convencida de que era una última sorpresa de su prometido antes de caminar hacia el altar, la curiosidad pudo más que el