—Señorita Melani, ¿la llevo directamente a la empresa o quiere ir a otro lugar? —preguntó Yusuf, observándola a través del retrovisor.
—A la empresa —respondió ella, sin levantar la vista de su tableta.
Mientras revisaba los últimos correos con las planillas de embarque, una nueva notificación iluminó la pantalla. Se trataba de Matsudaira. Melani arqueó las cejas, extrañada; apenas habían transcurrido cuatro días desde su última conversación con su asistente. Leyó las líneas con rapidez: