Mientras en la mansión las matriarcas sellaban acuerdos entre hilos de plata y murmullos venenosos, en el reservado del club, envueltos en la penumbra y el aroma a whisky escocés de alta gama, los hombres del círculo íntimo de los Köksal medían el verdadero peso del terremoto que estaba a punto de sacudir Estambul.
El vaso de cristal pesado dio un leve toque contra la mesa de caoba cuando Sinan se inclinó hacia delante, con una sonrisa genuina cruzándole el rostro.
—Amigo, cuando dijiste