Desperté con un dolor punzante en el abdomen. No era para menos, después de la paliza que me habían dado ayer, esto era lo mínimo que podía esperar. Un aroma familiar invadió mis sentidos, cálido y embriagador: el perfume de Daylon. Abrí los ojos lentamente y confirmé lo que ya sospechaba. Me había quedado dormida en su habitación.
No es que fuera mi primera opción, pero Félix estaba roncando en la sala y Mia ocupaba mi habitación. Podría haber dormido con ella, pero después del caos de anoche,