El estruendo de maderas astillándose resonó en el aire. Gritos furiosos se mezclaban con órdenes cortantes. La gente de Daylon estaba cerca. Los pasos apresurados en el techo me confirmaron que estábamos en un lugar subterráneo.
Kai, en cambio, no parecía alarmado. Con una calma inquietante, tomó una mochila que estaba detrás de él.
—Lo lamento, Lylah… eras tú o mi familia.
Su voz tembló. Sus ojos brillaban con lágrimas contenidas, pero en ellos solo había rabia y desesperación.
—¿Quién te mand