Mundo ficciónIniciar sesiónLa chef Jane tiene un restaurante solo para mujeres, el Bon Apetitt. Pero este es solo una fachada, porque la verdadera diversión está más allá de sus cocinas; donde un club “clandestino” para damas, les trae diversión a las mujeres que desean salir de la rutina, disfrutando de bailes s hechos por unos adonis de muerte lenta, de todos los tamaños, colores y formas. Para entrar, solo debes hablar con los chefs y pedirle ‘el servicio especial de dos tiempos’ para que estos emprendedores te lleven a conocer a Tank, Rock, B-Rock, Flag, Arrow y el dulce Ángel. Lo mejor de todo, es que hay un menú para escoger. No es un eufemismo. La mesa está servida, así que… ¡Bon Appé!
Leer másCarmen entró al Bon Appétit una media hora antes de la hora acordada. Se sentó en la barra donde un simpático Flag la recibió con un guiño y una sonrisa.―¿Qué le sirvo, madame? ―preguntó con cortesía.―Un Cuba Libre, por favor ―pidió de inmediato. Necesitaba algo fuerte y dulce, algo que la relajara.Después de casi tres semanas de la fiesta de Priscilla, habían acordado reunirse en el restaurante. La vida les había cambiado a sus amigas en un abrir y cerrar de ojos. Sonrió al recordar lo sucedido dos o días atrás, cuando en una reunión de maestros y representantes, escuchó a dos mujeres que decían ser cercanas a ellas, hablando del divorcio de Julia y especulando sobre la situación de Ana.―Parece que Julia sacó las garras y le está quitando la mitad de todo al pobre Héctor ―susurró
Soledad acomodaba su bolso para ir al gimnasio, desde la pelea con las chicas no había ido al mismo tiempo, incluso espació los días en que entrenaba.Esteban le preguntó si había sucedido algo entre ellas, salió del paso diciendo que habían tenido un impase y que ya hablarían, no era la primera vez que sucedía. Su marido lo aceptó sin gran aspaviento, en cierta forma no era mentira. En otras ocasiones el Aquelarre se había dividido tomando partido por una u otra, pero eventualmente sus interacciones volvían a la normalidad a los pocos días o semanas.Cuando sucedió lo de Julia, Esteban fue quien le contó todo, Soledad se mostró genuinamente sorprendida ante la noticia. El infierno se desató en la casa de los Rodríguez, y por lo que su esposo le contó, había fotos de su amiga teniendo sexo con un bailarín exótico que
Priscilla estaba desayunando tranquilamente en su comedor, leyendo las noticias desde su tableta. En las últimas dos semanas habían pasados varios acontecimientos bastante notorios a su alrededor, como abogada, era inquietante notar cómo las relaciones se cimentaban en las bases frágiles de la confianza; sí, frágiles: confiar en que tu vida siempre sería igual, confiar en que la pasión seguiría allí, confiar en que tú eres suficiente para tu pareja y esta lo sería para ti el resto de sus vidas.Desde que Julia le llamó para avisarle que Héctor y ella se iban a ir a la corte, no le sorprendió; su amiga podía parecer una rubia tonta a simple vista, pero distaba muchísimo de semejante estereotipo. Haber descubierto una pista en las tarjetas de créditos de su esposo fue el comienzo de su plan de retiro, tal como lo había llamado. Como esposa de &eac
Lydia estaba al borde de un colapso nervioso. A medida que pasaban los días la culpa la iba consumiendo lentamente. Cole era un santo, ella lo sabía, y debido a la estupidez de su aburrimiento por tener una vida sin altibajos, la había empujado a cometer una locura.Aunque se repetía una y otra vez que tenía que dejar que el tiempo pasara para que las cosas se calmaran en su interior, sus nervios la traicionaban. Más después de enterarse que Jules estaba por entrar en una encarnizaba batalla legal contra Héctor Rodríguez. Su amiga les aseguró a todas que el detective había sido un inepto, lo cual era bueno para ellas porque no había evidencia de lo sucedido durante la fiesta. Para su futuro ex marido, ella se había aprovechado de la ocasión.Había habido un pequeño escándalo en su reducido grupo de amigas, que no pasaba de una docena en su círcu
Último capítulo