El resto de la velada transcurrió bajo una atmósfera eléctrica. Aunque Lucía se había mantenido en silencio, su sola presencia en el extremo opuesto de la mesa era una bomba de tiempo. Cada vez que Elena se reía o aceptaba un trago de Julián, sentía los ojos de su antigua compañera escaneándola, buscando la mínima fisura en su actuación, no era suficiente una persona, que ahora tiene a dos observándola.
Julián, por su parte, se movía con una precisión casi quirúrgica. No se separó de Elena