La atmósfera era perfecta, Julián se movía entre la gente con una elegancia que dejaba a todos intimidados, y Elena al ver cómo él sostenía su copa y le lanzaba miradas calculadas, empezó a disfrutar del papel que le tocaba interpretar. Se sentía, por primera vez en años, invencible. Sin embargo, en una esquina de la sala, cerca de la barra, una figura permanecía inmóvil, observándola con una sonrisa que no llegaba a los ojos. Era Lucía, alguien que durante años había sido su sombra en el instituto, Lucía no era de las que gritaban o confrontaban; ella prefería el goteo constante del veneno sutil. Julián se había alejado apenas un momento para buscar un par de copas nuevas, dejando a Elena sola frente a la fuente de champán. Fue entonces cuando Lucía se acercó, caminando con la parsimonia de un depredador, dispuesta a tener su revancha. —Elena, Qué sorpresa —dijo Lucía, escaneándola con una mirada que parecía buscar un hilo suelto en su vestido —Te ves... diferente, Menos "estre
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