El pánico que recorrió los pasillos de la empresa no afectó a Martina como algunos esperarían. Mientras otros empleados se reunían en grupos reducidos para especular sobre el despido inminente del "heredero" o la posible desaparición de sus departamentos, ella permanecía imperturbable en su oficina, con la puerta abierta como una invitación a la sumisión.
Martina se sentía intocable. Para ella la reestructuración era una oportunidad, no una amenaza. Se retocó el labial frente al espejo de ma