La mañana siguiente no amaneció con calma. Desde que Elena cruzó la puerta de la oficina, pudo sentir que el aire era distinto: denso, eléctrico, cargado de una expectativa nerviosa que hacía que el simple ruido de las fotocopiadoras sonara como un disparo, tomo un suspiro largo y sea lo que dios quiera.
El comunicado llegó a las diez en punto, enviado a toda la empresa con una urgencia que no admitía retraso: «El nuevo Gerente Directivo se presentará en la sala de juntas principal en quin