La salida del bar fue un borrón de luces de neón y risas forzadas. Cuando finalmente estuvieron lejos del grupo, el silencio dentro del auto de Julián se sintió mucho más pesado que antes. El motor rugía en la noche, pero entre ellos no había ni un ápice de la complicidad de hacía unos minutos.
Elena miraba por la ventana, viendo cómo las calles de la ciudad pasaban a toda velocidad. Todavía sentía el calor de la mano de Julián en su espalda, un rastro que empezaba a arderle como una quemad