La atmósfera asfixiante de la oficina quedó atrás en cuanto el ascensor tocó la planta baja, pero el peso de la mentira seguía flotando en los hombros de Elena mientras viajaba en el colectivo de regreso. Al entrar a su departamento, el silencio de su hogar la recibió como un bálsamo. Se quitó los zapatos, dejó la cartera sobre la mesa y se dejó caer en el sillón, exhalando un suspiro largo que parecía haber tenido retenido desde el mediodía.
El departamento estaba en penumbras, iluminado sol