CAPÍTULO 36. ¡Hay que sacarla de ahí, ya!
Bells, o Charlize, como se llamaba en aquel momento, realmente quería beber de más, pero la conversación con aquellos hombres era tan amena y le daban una sensación tan poderosa de seguridad y protección, que no pudo evitar sentirse en paz y olvidar la hora.
—¡Dios, yo debería estar allá enfrentando la crisis! —murmuró cuando eran casi las once de la noche.
—¿Y eso por qué? ¿No es tu tío el autor? ¿Tú por qué tienes que solucionarla? —preguntó Stefano.
—Bueno... yo soy quien los ayuda —respondi