DECIMUS
El día de la iniciación había llegado, y lo hizo con la gravedad que solo los siglos de tradición pueden conferir. El templo se vestía con un silencio reverente, una quietud casi palpable que se extendía en el aire denso, cargado de historias, juramentos y sacrificios. Bajo la atenta mirada del Pontifex Maximus y de Occia, los aspirantes a la Guardia se preparaban para el rito que decidiría su futuro. Los reclutas fueron llamados uno a uno para avanzar por el patio del templo, con pasos medidos