Di dos torpes y pequeños pasos atrás cuando la línea de carmesí de sangre alcanzó mis sandalías. En el piso de ese estudio, John permanecía inconsciente en el piso, entre muebles cubiertos por plástico y con la cara hecha un amasijo de sangre y golpes que parecían graves.
Quería pensar que vivía, que mi irreverente marido no lo había matado...
—Hannah...
Alcé la vista de John con un sobresalto y miré a Adam, de pie al lado del cuerpo y con la vista fija en mí. En algún momento, me había distanci