—¿Qué harás, Hannah?
La pregunta de John fue cínica y vino acompañada de una sonrisa arrogante. Él sabía, tanto como yo, que nunca podría enfrentarme a él y que si me atreviera, fácilmente me ganaría.
—Escuché que eres un poco impulsiva, Hannah, ¿es verdad? —se cruzó de brazos y expiró, mirándome—. Pareces una chica de esas nobles y sumisas que nunca le levantarían la mano a nadie.
Hizo un mohín y ladeó ligeramente el rostro, mirándome con ojos intrigados.
—Adam me ha contado lo que has hecho,