Realmente me tomó gran esfuerzo recuperarme del agotamiento de esa noche. Me dolían las caderas y sentía las piernas pesadas, que me quejé cuando estiré los músculos y, entre muecas, me tambaleé fuera de esa cama.
En el centro de aquella habitación vacía, me detuve un poco perturbada. Desde todas las direcciones y todos los ángulos posibles, me vi a mí misma convertida en un terrible desastre.
El maquillaje estaba corrido en mis ojos, mi cabello era un enredado revoltijo y toda mi espalda se hal