La adrenalina corría nuevamente por su torrente sanguíneo; sus manos temblorosas y sus pasos torpes delataban el nerviosismo que la dominaba. Amelia sabía que necesitaba mantenerse firme y decidida, ser valiente si quería lograr lo que tanto anhelaba: escapar junto a sus hijos de aquel lugar, una tarea que no sería nada fácil. Esperaba que eso pudiera convertirse en una realidad si se esforzaba lo suficiente.
—Señor, ¿está seguro de que quiere dejar la propiedad sin vigilancia esta noche? —decl