Amelia, siguiendo la sugerencia de Maximilian, se quedó en casa trabajando desde allí. Con su portátil abierto, se puso al día con las tareas que la esperaban. El dolor de cabeza, que por la mañana había sido una molestia constante, había disminuido considerablemente, transformándose en una punzada ocasional. Ya casi era mediodía, así que decidió dejar sus actividades en pausa para almorzar.
Mientras se preparaba un ligero almuerzo, Laura, la ama de llaves, se acercó con una mirada de preocupac