Nicolás llegó a la habitación de Alicia con un humor sombrío, tenía el ceño fruncido y los hombros tensos.
—Nicolás, ¿qué pasa? —preguntó Alicia, notando esto al instante.
Él la ignoró.
Se sentó en la silla junto a la cama, sin deseos de fingir que todo estaba bien. Lo habían engañado y la rabia lo estaba superando.
—Nicolás, por favor. Dime qué te ocurre. Me preocupas —insistió ella, removiéndose inquieta en la cama. Quería acercarse, tocarlo, consolarlo.
—No es nada.
—Por favor, es evidente q