Cuándo finalizó el día, Vasya se quitó la ropa con movimientos lentos y se colocó una camiseta vieja que le llegaba a mitad del muslo, no se molestó en ponerse pantalones.
El calor de la habitación y el cansancio la vencieron rápido. Se acostó de lado, abrazando la almohada y cerró los ojos.
Su respiración pronto se volvió profunda y regular en cuestión de minutos.
Su cabello chocolate se extendió sobre la almohada y sus labios se entreabrieron, dejando escapar un suspiro suave cada vez que e