64. Él es libre de hacerlo
Vasya acababa de dormir a Mijaíl.
Lo arropó con cuidado, le besó la frente y se quedó un momento mirándolo dormir, porque la incertidumbre no había desaparecido de su interior.
Estaba demasiado ansiosa.
Cuando estuvo segura de que no despertaría, salió de la habitación en silencio y cerró la puerta con suavidad.
Cada vez que cerraba los ojos veía esa silueta entre los árboles. Cada ruido de la casa la hacía tensarse.
Se levantó varias veces a comprobar que Mijaíl estuviera bien, a mirar por