123. No podíamos tener una boda normal
Ajustó el cuerpo de Vasilisa contra su pecho y corrió hacia donde sabía estaban las personas a las que había invitado, sus pasos, usualmente calculados y elegantes, eran ahora erráticos, impulsados por el pánico puro. Su mente repetía una y otra vez el instante en que los ojos de su Vasya se habían cerrado.
Su cabeza colgaba hacia atrás, con la melena caoba cayendo como una cascada desordenada.
—¡Fedorov! —rugió Zinoviy.
Todos lo miraron poniéndose tensos.
—¿Papi? ¿Qué le pasa a mamá?
Él se ten