95. Buena chica
Rashel ya no protestó.
Le daba lo mismo cuánto tiempo estuviera lejos de su esposo, siempre lo extrañaba.
—Ahora sí —murmuró con una sonrisa oscura—. ¿Dónde estábamos?
—Intentando no traumatizar a nuestros hijos —susurró ella riendo.
—Mmm... bueno, ya se fueron, nos ahorraremos el psicólogo —dijo él burlón inclinándose peligrosamente cerca de su boca—. Ven aquí, princesa mía.
Y antes de que ella pudiera hablar, él la levantó otra vez en brazos besándola posesivamente.
Cuando entraron a la habita