70. Solo quédate conmigo
Fedorov lo miró con un gesto entre fastidio.
—No deberías estar escuchando conversaciones ajenas ¿Sabes que hay formas más normales de celebrar un sobrino, verdad?
Dimitry parpadeó aturdido, la rabia cedió un segundo a la incredulidad.
—¿Sobrino?
—Sí —Fedorov se zafó, sacudiéndose la bata—. Y antes de que me pegues, te recuerdo que soy tu primo y el único que tiene permiso para tocar una aguja cerca de tu familia. Así que relájate.
Satarah intervino, poniéndose entre ambos.
—Dimitry, basta.
—¡Es