66. Nieve
La carretera hacia Sochi serpenteaba como una cinta oscura entre montañas cubiertas de pinos. El aire era frío, limpio, con ese aroma a nieve que anuncia el cambio de estación. Rashel miraba por la ventanilla, las luces lejanas de los pueblos se apagaban detrás de ellos, y la noche parecía tragarse todo lo que dejaban atrás.
Valerik conducía con una serenidad que contrastaba con el rugido grave del motor. Su perfil estaba recortado por las luces del tablero, la mandíbula firme, los ojos clavad