59. Confía en mí
Rashel despertó sola.
El calor en su pecho había desaparecido. La fuerza que la sostuvo toda la noche ya no estaba allí.
Abrió los ojos lentamente, parpadeando contra la claridad tenue que se filtraba por las cortinas.
Se incorporó con lentitud, sintiendo una punzada en el vientre que la obligó a fruncir el ceño, pero no hizo ningún sonido.
Miró hacia la puerta y buscó alrededor de la habitación.
Él se había ido, sin despertarla pero Rashel sabía que seguramente en cualquier momento volvería.
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