57.
Fedorov entró con pasos lentos, sin querer sobresaltarla. Se acercó al borde de la cama sin hablar de inmediato. Observó su rostro enrojecido, los ojos apagados, las ojeras marcadas.
Sus padres apenas se habían ido de la habitación, cuando había fingido quedarse dormida. Y por eso estaba sola.
—Rashie... —dijo con suavidad—. Necesito hablar contigo, sé que estás despierta.
Ella no respondió pero sí abrió los ojos.
—Sé que no es el momento ideal. Pero tengo que hacerte una revisión más profunda,