56. Ella... no está aquí
Valerik le dio un puñetazo al hombre para despertarlo. Después de tantas torturas, se había quedado inconsciente.
El irlandés, encadenado, levantó apenas el rostro cubierto de sangre seca.
—¿Eso es todo lo que tienes? —gruñó el secuestrador—. Pensé que los rusos eran de temer, pero sinceramente eso fue como el golpe de una niña.
Valerik sabía perfectamente bien que estaba intentando provocarlo para que lo matara pero eso no iba a pasar, no tan rápido.
Incluso aunque llevara horas torturándolo.
É