5. Promesa de Romanova
No había dicho ni una maldita palabra, y el silencio pesó más que cualquier otra cosa.
“Mírame bien, Valerik. Porque esta será la última vez que lo harás y no voy a despedirme de ti. Lo dejaste todo claro. Ya lo entendí.”
Los días posteriores, aunque no había adelantado el vuelo había llevado su promesa a cabalidad porque no había dejado que Valerik la viera otra vez.
Solo salía de vez en cuando de su habitación a su estudio, a ensayar las coreografías y lo hacía cuando sabía que él no estaba en