4. Curvas perfectas, beso robado
Valerik se quedó completamente enmudecido al ver la perfección hecha carne frente a él, su única debilidad, al mismo tiempo su castigo.
Con cada respiración sus pechos redondos y pequeños se alzaban, su piel era de porcelana iluminada por la luz que venía del exterior. Cada curva era perfecta, como siempre la había imaginado, el contorno de su cintura era estrecha, marcada, delicada. Sus caderas eran anchas y femeninas.
Su cuerpo estaba hecho para pecar.
Sus ojos descendieron recorriéndola lenta