5. No voy a dejarte sola
Su disculpa provocó que se tensara y solo en ese momento él mismo fue quien terminó con el abrazo para mirarla a los ojos.
Cada parte de su cuerpo se calentó notando el arrepentimiento arremolinándose en el hermoso rostro frente a él.
—¿Puedo tocarte?
Ella lo observó sorprendida, mordió su labio inferior pero no se mostró vacilante.
Había algo en su mirada que encendía una chispa en el interior de Gian.
Pronto asintió y él tomó su cara entre sus manos mirándola fijamente a los ojos haciéndola po