48. Traición, demasiado cerca
La carretera se extendía negra frente a ellos, con apenas la luz de los faros cortando la niebla de la madrugada.
El silencio era insoportable, solo roto por la respiración entrecortada de Valerik y el golpeteo de sus dedos contra el volante. Dimitry iba revisando los datos en su teléfono, con el rostro pétreo.
—Ya no se mueve, hace rato el dispositivo dejó de emitir señal —murmuró apretando los dientes.
Valerik giró la cabeza de golpe.
—¿Qué jodidamente significa eso? No estoy para tus mierdas